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Primera infancia y ciudadanía:
después del niño-sacer

Son diversas las teorías que se han aproximado a la definición de la infancia, la niñez y los niños. En disciplinas y campos como la psicología, la medicina, el derecho y las ciencias sociales, durante los últimos cincuenta años, se han desplegado complejas hipótesis acerca de las relaciones posibles entre la construcción social de la infancia y la configuración de los mundos de vida de estos sujetos, a partir de sus propias voces y experiencias.

Sin embargo, más allá de los axiomas, los cuales suelen transitar de la explicación a la prescripción (lo que deben ser los niños) es importante entender que la invención de la infancia ha implicado un largo proceso de aprendizaje de la sociedad, el Estado y la familia. En primer lugar, se ha aprendido acerca de la constitución humana, fisiológica y psíquica de estos sujetos. También se ha requerido aprender sobre las relaciones que estos establecen con el mundo social (institucional, intergeneracional y mediático), sus complejos procesos de socialización y los sentimientos de amor, cuidado y responsabilidad que trae consigo su vínculo con los padres. En suma, siguiendo a Norbert Elías (1998, p. 457), se trata de un proceso largo “… un proceso que aún continúa: nosotros mismos nos hallamos aún en medio de él, y esto no solo ocurre porque los niños representan individualmente con mucha frecuencia todo un misterio para los padres (…) sino, ante todo, porque el estado social del conocimiento acerca de los problemas de la infancia aún hoy es bastante fragmentario”.

Este proceso largo, que lleva cerca de tres siglos en el mundo occidental, tiene una particularidad: la relación entre socio-génesis y psico-génesis. Según Elías (1998), la primera, comprendida como las formas sociales que se cristalizan a partir de intereses, ideas políticas, actores sociales y que hacen posible la conformación de una estructura, incide en la segunda, en la cual se ubican los comportamientos individuales y los modos de regulación de las pulsiones y los deseos humanos. No obstante, la psico-génesis también incide en la socio-génesis, pues los comportamientos pueden afectar progresivamente las complejas estructuras sociales.

Por esta razón, es comprensible que, en el contexto del proyecto civilizatorio que dio lugar a la consolidación de la modernidad capitalista a partir del siglo XVIII, se hubiera optado por la conformación de una compleja estructura que le dio contenido a las preguntas por la mente y el cuerpo infantiles, a través de tres dispositivos de saber-poder orientados por los estados nacionales en proceso de consolidación: cuidado, normalización y escolarización. La familia, al estar en medio de estos tres dispositivos ha tenido que enfrentar la emergencia de tensiones entre relaciones estrictamente autoritarias y otras más igualitarias, las cuales se entrecruzan y coexisten hasta nuestros días.

Estos tres dispositivos y sus correspondientes prácticas discursivas fueron transferidos a América Latina y el Caribe tanto en tiempos de la colonia como en el proceso de conformación de las repúblicas independientes. Sin embargo, estudios recientes indican que mientras en Europa se dispuso una compleja arquitectura institucional para cuidar, educar e incluso domesticar a los niños de cara al proyecto moderno-capitalista en proceso de consolidación, la infancia del mundo moderno-colonial se convirtió en un recurso necesario para el sostenimiento del precario orden social. Un orden cuya génesis se centró en la moral cristiano-católica, los valores hispánicos y el autoritarismo militar.