Proponer la propia pedagogía:

Reto sugestivo para los maestros

“Definir es destruir, sugerir es crear” (Stephane Mallarme)

26Ene2021 art 4La pedagogía sería, según esta concepción, una teoría, fundada en una experiencia educativa de cada maestro, orientada a la acción, cuya función es transformar la propia práctica formativa. El autor de tal “teoría práctica” sería un maestro profesional (un práctico) que se convierte en un teórico de su acción con el fin de mejorarla.

Y eventualmente, puede ofrecer su teoría a los demás. Insisto, desde Houssaye en este punto: en pedagogía, es la misma persona quien practica y teoriza. De ahí su afirmación sobre la complejidad de ese monstruo conceptual que es el término “teoría práctica” aplicado a la pedagogía: “el envolvimiento mutuo y dialectico de la teoría y de la práctica educativa por la misma persona, sobre la misma persona. El pedagogo es un prácticoteórico de la acción educativa” (1993, pág.13). Ahora bien, creo que la idea del maestro como profesional reflexivo e investigador de su propia práctica no ha terminado de concretarse, aunque sí se ha ido perfeccionando a lo largo de la historia, por la insistencia en la relación que existe entre el oficio de maestro y la reflexión/investigación como actitud y competencia profesional.

La respuesta que el maestro daría a su pregunta retorna praxeológicamente a su propia acción. Cuando la presenta a otros su teoría se presenta bajo la forma de un discurso, que contiene una narrativa de la experiencia articuladora de tres elementos, tan mezclados que es difícil distinguirlos: (a) convicciones (valores), vinculadas a los propósitos que se tienen como maestro, (b) concepciones (teorías, modelos, saberes de referencia) y (c) acciones (prácticas que se asumen e implementan), conformando el triángulo pedagógico de todo maestro3: Las teorías prácticas típicas en el campo educativo son como las de un Pestalozzi, un Freinet, un Montessori, un Freire y ciertos movimientos pedagógicos.

Podemos extrapolar y pensar que muchos profesionales de la educación (maestros, directivos; también padres de familia) ejercen como pedagogos que generalmente desarrollan su teoría práctica sin hablar de ello, sin escribirlo ni transmitirlo. Así se pierden por millares las pedagogías porque tenemos dificultades para socializar, entre nosotros, nuestra investigación y nuestras creaciones. Y, por lo tanto, hacerlas (re) conocer.

La pregunta del maestro, como investigador pedagógico (¿cómo hacerlo mejor?), la mayoría de las veces surge cuando hay un problema en el quehacer cotidiano. Un bloqueo personal o colectivo, cuando se trabaja al interior de una corriente pedagógica. A veces este ¿cómo hacerlo mejor? Surge cuando brota una idea en nuestra cabeza: “¡Nunca más haré (mos) eso!”.

Pero la pregunta inicial solo provocará un proceso investigativo cuando se convierta en: ¿Cómo puedo mejorar, con lo que sé (mis teorías, mis valores y mi práctica) y mis posibilidades de crear? Y cuando reconocemos, planteamos y construimos mejor la problemática hallada porque nos atrevemos a preguntar: ¿Qué debería cambiar? ¿Qué debemos buscar o inventar? Una reflexión que conducirá al pedagogo a mejorar el tejido de su triángulo personal, para lograr, después de tal o cual cambio, una nueva consistencia describible y argumentable, y tal vez, más adelante, nuevamente problematizable,

y así dar lo mejor en el oficio de maestro. Porque “(…) la verdadera palabra del pedagogo es la praxis, porque los hombres actúan en el mundo para humanizarlo, transformarlo y liberarlo. Y la educación tiene que ayudarlos a cumplir dicha tarea” (Juliao 2014, p. 142).