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Los modelos educativos flexibles para jóvenes

y adultos rurales

6 May art.3Desde la perspectiva educativa estatal, todo tiene sentido y se afirma que se está cumpliendo desde las metas que se han propuesto: flexibilidad, cobertura y pertinencia. Indiscutiblemente habrá muchas fortalezas en los MEF, el solo hecho de leer sus objetivos y propósitos alienta a hacer estrategias pertinentes para algunos contextos rurales no para todos y es aquí donde se realizarán algunas reflexiones, que pretenden dar a conocer algunas situaciones que se presentan.

Para empezar, no son las instituciones educativas rurales las que deciden cual es el MEF más apropiado para su contexto, son las entidades territoriales (secretarias de educación) quienes escogen los modelos educativos flexibles que consideran apropiados desde el punto de vista administrativo y no producto de un análisis consecuente a las necesidades de la comunidad que los requiera. No podemos olvidar que se habla en términos de calidad educativa, la cual es posible si se hace obligatorio su implementación y la generación de resultados.

Entonces, se hace necesario adaptar los MEF al contexto en el que serán aplicados, para tal fin los maestros encargados deben hacer cursos de capacitación para hacerse responsable de las diferentes asignaturas que no son su especialidad, pero que debe desarrollar, tener varios grados en el mismo espacio, conocer y saber utilizar todos los elementos con los cuales viene el programa: material de apoyo, textos y guías para docentes y estudiantes. En otras palabras, el maestro se encarga de replicar lo que sugieren los textos y guías y, entonces, cabe la pregunta ¿en dónde queda la misión del docente de crear, construir y mejorar los saberes? Nos enfrentamos entonces a una propuesta pedagógica que no propende por el rescate y la apropiación de los saberes propios de la comunidad, producto del diálogo, la concertación y las prácticas que afiancen las tradiciones. Otro factor inquietante es la evaluación en el aula, la cual se aplica con la resolución de cuestionarios con preguntas de memoria, la entrega de proyectos algunos replicados muchas veces y para obtener el título de bachiller hay que presentar las pruebas nacionales (saber 11°), el maestro debe preparar a sus estudiantes para desarrollarlas, sin olvidar que dichas pruebas cuantifican a todos los estudiantes por igual.

Referente a los materiales diseñados para la ejecución del modelo, no es continua la renovación que se hace de ellos, muchos de los textos utilizados tienen información descontextualizada que aún se replica generando un proceso educativo por lo demás de baja calidad.

En cuanto a la flexibilidad, se ha convertido en el proceso de valer todo, lo importante es tener las guías completas, sin importar los procesos que se aplican para su propósito, si se acepta lo mínimo, si no se hace exigencia en el proceso educativo se logra evitar la deserción escolar, si se facilitan los instrumentos y se evitan los costos, más personas asistirán lo que hace posible el cumplimento de la cobertura y la disminución de brechas entre lo urbano y lo rural. En lo administrativo es precaria la intervención directa del estado en la ruralidad y la ruralidad dispersa de nuestro territorio colombiano, la falta de seguridad e inversión impide la educación de muchos niños, jóvenes y adultos rurales. Cuando se logra llegar, el proceso tarda en consolidarse muchas veces se interrumpe, se hace el trabajo de empoderar a las comunidades para la exigencia de sus mínimos derechos y el resultado puede ser: comunidades autosuficientes en mediana medida o líderes sociales expropiados, amenazados o ejecutados como sucede actualmente, sin que trascienda a la búsqueda de concertaciones que favorezcan a la mayoría de quienes padecen este flagelo. Ante este panorama surgen inquietudes que nos llevan a pensar en el estudiante que se está formando en la ruralidad colombiana, alguien que sabe que es el único recurso que tiene para mejorar sus condiciones de vida,

condiciones que lo pueden alejar de su terruño, porque al fin y al cabo se ha logrado obtener un título de bachillerato que lo faculta para buscar otro tipo de trabajo tal vez en las ciudades cercanas. En todo caso nadie asegura que una educación pensada para lo rural que además de lo académico genere procesos técnicos para el agro y el emprendimiento, garantice la permanencia de sus pobladores en el campo colombiano.