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Antagonistas en la escuela:

24012019 art.2Es necesario dar lugar a la diferencia, es decir, reconocer que todos los sujetos son diferentes y que la convivencia se trata precisamente de saber respetar la libertad de los demás, su derecho a pensar y a permitir la autenticidad como persona. Es bien sabido que cada plantel educativo formula un manual de convivencia, que intenta estipular los comportamientos elementales para vivir en armonía dentro de la institución.

Sin embargo, algunas normas educativas y situaciones concebidas por los docentes hacen casting para que en sus aulas y discursos esté presente Don Uniformidad, y lo que es más preocupante, se castigue cuando su antagonista Don Pluralidad aparece en escena. De esta manera podemos entender que se organice el salón de cierta manera y no de otra; por ejemplo, que sea el profesor el que esté siempre al frente de la pizarra y todos los alumnos ubicados en fila, procurando silencio y aceptando sin discutirle al maestro así esté equivocado.

Con Don Uniformidad, se presenta el maestro en su pedestal de saber, es el único portador del saber, el estudiante es un recipiente que debe llenarse. Esta clase de maestro atenta contra aquel principio pedagógico freireano de que todos sabemos algo, todos ignoramos algo, por eso aprendemos siempre. Ahora bien, más allá de una uniformidad física se cae en el error de una tala mental: un qué decir y qué hacer, qué, cuándo y cómo responder. Es decir, se cae un patrón para frenar la diferencia, el cual normalmente está beneficiando a una norma que puede ser producto de un imaginario social. Esto se puede ilustrar cuando en el aula se cree que los niños nunca saben nada, o se marcan las diferencias de pensamiento de acuerdo al sexo, lo cual influye en la reproducción de estereotipos. Con esta práctica cotidiana de Don Uniformidad no hay tiempo para la pedagogía de la pregunta, hay tiempo solamente para la pedagogía de la respuesta brindada por el maestro.

Para ejemplificar, Sócrates decía que el camino más noble no es someter a los demás, sino perfeccionarse a uno mismo; y con esta cita deseo señalar que lo importante en una discusión, en un aula de clase o en cualquier escenario donde habitan personas con diferentes contextos de crianza, lo más sensato, y necesario, es escuchar la pluralidad del pensamiento en vez de ganar o imponer nuestro juicio; tal vez prestando atención a esa otra reflexión podamos comprendernos más a nosotros mismos.