Reflexiones del

ejecutivo sobre el Paro del Magisterio

Al inicio de las sesiones de la mesa de negociación entre FECODE y Ministerio de Educación, se acordó agrupar los siete puntos que contenía el pliego en cuatro grandes bloques (Política Educativa, Profesión Docente, Financiación de la Educación, Bienestar y Garantías Sindicales). Así las cosas, se trabajó en comisiones, avanzando en aspectos tales como: preescolar de tres grados, Jornada única, Escuela Territorio de Paz, relaciones técnicas maestro-alumnos-aula de clase, entre otros.

Cuando se debía abordar el aspecto económico y lo atinente al punto de la financiación de la educación pública a través de una reforma al Sistema General de Participaciones –SGP-, como estaba establecido en nuestro petitorio, el Gobierno Nacional dejó en evidencia su gran terquedad y su poca disposición a soluciones estructurales, estableciendo como estrategia la negativa a las diferentes propuestas presentadas por la Federación.

Ahora bien, luego de transcurridos los tiempos y las prórrogas de ley que contempla el decreto 160 de 2013 “el cual reglamenta la Ley 411 de 1997 aprobatoria del Convenio 151 de la OIT, en lo relativo a los procedimientos de negociación y solución de controversias con las organizaciones de empleados públicos”, y ante las pírricas fórmulas que en materia económica presentaba el Gobierno Nacional, el Comité Ejecutivo en Junta Nacional decide convocar desde el día 11 de mayo, a paro nacional de los docentes del país.

Entonces debe quedar claro, que el paro del magisterio fue el resultado de la escasa voluntad política del gobierno para que en el país se garanticen los recursos suficientes para acceder a una educación pública digna para nuestros niños, niñas y jóvenes, como un derecho constitucional que debe ser financiado y administrado por el Estado. Por otro lado, el Ministerio de Educación, con la implementación de proyectos y programas de manera inconsulta con la comunidad educativa, responde a los lineamientos establecidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –OCDE-, como por ejemplo, la puesta en marcha de una Jornada Única sin condiciones, desregularizando y flexibilizando la contratación de los maestros, improvisando acciones con la implementación del preescolar y sujetando las condiciones de la calidad de la educación a los resultados de pruebas externas y el índice de calidad de la educación –ISCE-; estos factores abonaron el terreno para la movilización de diversos sectores de la sociedad civil preocupados por la política pública educativa.

Para el magisterio colombiano, este paro se convirtió en el camino para develar y mostrar a la sociedad la situación real de la educación pública en el país, que pretende invisibilizar el gobierno de Juan Manuel Santos, a través de campañas mediáticas y demagógicas. La nación se dio cuenta que estamos lejos de una educación de calidad, porque se atiende a los niños sin los recursos de infraestructura, bibliotecas, material didáctico, alimentación y transporte necesarios; a su vez para los docentes fue la forma de avanzar en la posibilidad de pensarse y proponer una educación desde la base, desde la voz de los maestros y el sentir de las comunidades. Así mismo, le permitió al país reconocer que los derechos se luchan, se exigen; llevamos la clase de democracia a las calles, no como un acto de repetición y memoria sino como una práctica ciudadana. El glorioso paro nacional del magisterio permitió diversos aprendizajes, en el ámbito pedagógico, en la dimensión política y en el movimiento sindical.

Carlos Enrique Rivas Segura

Presidente de Fecode