EDITORIAL

El Paro como Pedagogía Política

Como un acontecimiento histórico ha sido reconocido el Paro Nacional Del Magisterio porque FECODE asumió el liderazgo social que le compete al gremio en la defensa de un bien público, como lo es la educación.

Es acontecimiento histórico, porque en él se conjugaron una serie de aspectos inéditos y transformadores en la caracterización de los movimientos sociales: los espacios fueron copados a lo largo y ancho del país, por colectivos de maestros que pusieron la escuela en lo público e invitaron a la ciudadanía a unirse a su lucha para tomar en serio la educación. En las calles, las vías, los colegios, los medios de comunicación, las redes sociales, hicieron que se pensara el sistema educativo y su financiación como un asunto de todos y la primera responsabilidad del gobierno.

El tiempo fue decantando posiciones y revelando intereses para poner en claro la intransigencia del gobierno que derrocha, despilfarra y permite la corrupción entre sus dirigentes, pero se muestra tacaño y se pierde en enredos de macroeconomía cuando se trata de financiar el bien público más preciado, como lo es la educación. Frente a la intransigencia, la dirección de FECODE opuso una resistencia argumentada, documentada y seria, apoyada de manera unificada desde las direcciones locales, departamentales y nacionales, desde las bases magisteriales y la ciudadanía.

Este reconocimiento es una pedagogía política y un compromiso de largo aliento que exige unidad, fuerza, inteligencia y creatividad, como nos lo dice el presidente de la Federación. Es pedagogía política porque, llenos de razones los maestros a lo largo y ancho del país, dieron a conocer la situación de la educación pública desfinanciada y relegada en la práctica a pesar de los discursos engañosos y manipulados con los que el gobierno de Santos pregona que Colombia será la más educada en el 2025 sin plata, sin inversión social y sin despegue económico, en medio de una profunda brecha social y un mundo de corrupción.

Esta toma de conciencia, este despertar del letargo por parte de la ciudadanía, con la colaboración de los medios de comunicación, empezando por el Comité de Prensa de la Federación hasta los noticieros que daban siempre como ganador al magisterio en todos los debates y encuestas de opinión y que fueron tendencia en el imaginario de padres de familia, obreros, estudiantes y organizaciones no gubernamentales, es un voto de confianza y una valoración rotunda y contundente al magisterio colombiano como una fuerza política que funge como interlocutora válida frente a las políticas del gobierno y sus instancias. En medio de la dispersión de los grupos políticos y la lucha encarnizada de sectores antagónicos, el gesto de unidad del magisterio es una señal esperanzadora.

Ya se puede leer, desde la estética, un movimiento social creativo, que con imaginación y sensibilidad buscó múltiples formas de representar sus exigencias y su inconformidad, más allá de la simple enunciación de los contenidos del pliego. Es esta otra forma de construir sujeto político, tocando la emotividad, llamando a la alegría, celebrando la fiesta de la unidad, cantando y danzando, pintando y corriendo, como una lección inolvidable de que los maestros somos una fuerza incontenible.

Es el visibilizar al maestro como actor social y político organizado y argumentando a favor de la educación pública como derecho para tener un mejor país. Es política en el mejor sentido de la palabra, ocuparse de los asuntos públicos, comprometerse con la ciudadanía para la búsqueda del bien común y denunciar los desvíos que agudizan las brechas sociales y legitiman la injusticia. Pero es también un compromiso de todos para mantener la fuerza y la unidad, para no volver a la insularidad, para consolidar una comunidad de saberes y de prácticas alrededor de la pedagogía; para fortalecer las redes de maestros y las expediciones pedagógicas, los proyectos educativos pedagógicos alternativos, para acompañarnos en estos posicionamientos y ampliar la base social de nuestras luchas con los padres de familia y la ciudadanía en general que además de la educación debe luchar también por el saneamiento ambiental, el agua potable y la salud.

Pero esas cualidades, expresadas durante el Paro, tienen que mantenerse en los próximos compromisos y tareas adquiridas, porque a ese gobierno hay que hacerle Paro para que se comprometa y después seguir presionando para que cumpla.