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Editorial

La escuela desde adentro:  por una mirada alternativa

24012019 art.1Nos cuenta García Márquez en “Cien años de soledad” que una de las virtudes del gitano Melquíades era que “podía ver la otra cara de las cosas” y tal vez por eso fue que también pudo curar a Macondo de la enfermedad del insomnio y del olvido.

Referencia que nos viene como anillo al dedo para valorar los propósitos de esta edición orientados a mostrar otra cara de las prácticas pedagógicas de los maestros al interior de las aulas y que tienen que ver con los enfoques pedagógicos, el currículo, la didáctica y la evaluación. Prácticas que se enmarcan en la historia de la pedagogía y dan identidad al quehacer docente. Es otra cara de la educación y la enseñanza que siempre ha estado ahí como acontecimiento complejo cruzado por múltiples relaciones: con el lenguaje, con el pensamiento, con los valores, con la estética, con la ética y la política, con la cultura local y con el saber de docentes y estudiantes como punto de partida del aprendizaje significativo y transformador para una formación democrática y ciudadana.

Y decimos otra cara, para diferenciarla de la cara oficial, uniforme, estandarizada, colonialista y neoliberal, que viene legitimando el gobierno por su compromiso con la OCDE y que pone toda la fuerza de la supuesta calidad de la educación en los resultados de las pruebas PISA y SABER. Ya están dadas las condiciones para recuperar nuestra memoria pedagógica diversa, flexible, multicultural, contextualizada, integral y transformadora que devuelva la identidad a la profesión docente, diluida hoy, enrarecida por las condiciones de subordinación y olvido de nuestras propias producciones en el campo intelectual de la educación y de la pedagogía.

Nunca antes como ahora ha sido tan prolífica y rigurosa la investigación en educación y pedagogía, gracias a los 205 programas de licenciatura acreditados de alta calidad, los programas de maestría y de doctorado en educación, la producción escrita y hasta se habla de 21 pedagogos ilustres de reconocidas trayectorias existentes en las distintas comunidades de investigación.

Pero a la hora de tomar decisiones de política pública en educación no se tienen en cuenta nuestros saberes y se desconocen olímpicamente las prácticas reales de los maestros y de las instituciones como si la conducción del sistema educativo fuera un asunto que se decide desde las cartas de navegación de los comerciantes internacionales que van por el mundo vendiendo la ilusión de una educación de calidad convertida en mercancía.

Como la peste del olvido, gracias a la gestión de las perspectivas del neoliberalismo sobre educación, la escuela ha sido invadida de datos cuatitativos, de cifras, de índices de una sobreabundancia de información que transforma el acto pedagógico en cifras estadísticas, y entonces, se olvida mucho de lo esencial que ocurre al interior de las aulas y las escuelas. Se olvida la risa, el juego, el experimento, la voz, el ejercicio reflexivo, el encuentro, la duda, el asombro; se olvida la pedagogía para sustituirla por los datos fríos e inmóviles de los índices sintéticos de calidad.

Se olvida lo que ocurre adentro de la escuela para reemplazarlo por las miradas desde el afuera, por   los dictámenes de las evaluaciones externas, masivas y estandarizadas, y por sus conclusiones prefabricadas, siempre recurrentes y ajenas a la verdadera vida que tiene como protagonistas a estudiantes y maestros. Contra esos olvidos sistemáticos, intencionalmente repetitivos, la pócima contra ese olvido es insistir en la pedagogía.

La pedagogía es la voz desde bien adentro de la escuela, es la palabra que surge a partir de lo vital que se mueve en el acontecimiento educativo, es el lenguaje que recupera la vida de la experiencia escolar y que tiene sentido en tanto que las prácticas pedagógicas se ajustan a las necesidades de la experiencia concreta de los sujetos que habitan el espacio escolar y en el cual rehacen permanentemente la cultura, los conocimientos, los saberes y hasta los inimaginables nudos que se tejen en la compleja trama de la cotidianidad y la convivencia.

El reto que tenemos que afrontar los 382.000 maestros de la educación pública es recuperar la historia y la memoria de nuestros propios saberes y de nuestras propias prácticas, reconocer lo que tienen de potente para la formación integral de nuestros hijos y empoderarnos como sujetos éticos y políticos para anteponer al modelo hegemónico un movimiento pedagógico latinoamericano que asuma la pedagogía crítica como alternativa y al maestro como profesional de la educación. Solo así, viendo la otra cara de las cosas, podremos superar la enfermedad del insomnio y del olvido en el que hemos caído los maestros a causa de la despedagogización y desprofesionalización que pretende implantar el gobierno.