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Los Movimientos Pedagógicos

en tiempos de globalización

El Movimiento Pedagógico colombiano sólo puede ser entendido en la dinámica de cuatro procesos históricos de su momento: a) la reforma curricular que se desarrollaba por parte del Ministerio de Educación colombiano; b) el auge de los movimientos sociales que intentaban construir proyectos alternativos; c) la emergencia histórica de unos sujetos de pedagogía que pugnaban contra los modelos en boga. Igualmente, d) con la emergencia de un actor social colectivo que da sentido a ese quehacer. La gran enseñanza es que hace 25 años el movimiento pedagógico salió al paso al intento de reforma curricular de corte conductual por vía de la tecnología educativa que intentaba desarrollarse en el país. El paquete de la taylorización7 era completo, con un currículo que se denominó en su tiempo a prueba de maestros.

No sólo nos hablaba de los contenidos, sino del diseño de las actividades mismas a desarrollar y los resultados a obtener en el proceso educativo. Este movimiento generó una respuesta crítica y de resistencia y desarrolló procesos alternativos que dieron una respuesta que permitió ubicar con precisión la manera como esta concepción pedagógica de la reforma en marcha no correspondía ni a los desarrollos más progresistas de la modernidad ni a un proyecto pedagógico coherente con nuestras particularidades culturales, y se develó la manera como entretejía un pensamiento único y la construcción de una hegemonía pedagógica, que fue uno de los elementos más contundentes de la respuesta en el proceso de la época, en cuanto se respondió con una eclosión de pedagogías y concepciones críticas de las más variadas vertientes.

Este movimiento consolida un intelectual colectivo ligado a las causas no sólo de los sectores sociales populares (en el grupo que veníamos de la educación popular para ampliar la caracterización remito, a la entrevista colectiva publicada en la revista Educación y Cultura No. 50) sino que logra una alianza más amplia, une diferentes y múltiples actores y logra encauzarlos para construir una política educativa alternativa que va a tener una expresión muy concreta en la esfera de lo político pedagógico o de lo pedagógico- político, énfasis que significaban visiones diferentes sobre el problema y que marcaban una manera de entender la acción educativa en ese contexto específico de nuestra realidad. Esta capacidad del movimiento de agrupar la intelectualidad crítica de la época, ligada a las tareas que el movimiento comenzaba a arrojar, mostraba lo que sería la primera gran fortaleza del movimiento: la capacidad de construir un proyecto común desde múltiples vertientes, sin hegemonías ni controles, en una libre discusión de ideas para construir propuestas para ese momento.

El Movimiento Pedagógico también mostró su asociación con las luchas sociales de esa época. En ese sentido, hoy sigue siendo uno de los elementos a ser tomados en cuenta en las lecturas de los movimientos sociales que emergieron en los años 1970 y 1980. Éste, en específico, desbordaba la mirada políticogremial y de satisfacción de necesidades del grupo de interés, complementando esos énfasis y enlazándolos de otra manera en la construcción política como elemento central a su configuración.

El Movimiento Pedagógico muestra en su constitución la emergencia de otra manera de ser de estos movimientos, en cuanto construía lo que serían los primeros nexos prácticos en el campo educativo de algunos movimientos sociales que iban a estar centrados en la subjetividad (ser maestro) y la identidad (con un saber propio: la pedagogía). En ese sentido se alejaba de movimientos que se habían conformado a partir de las reivindicaciones inmediatas y las necesidades urgentes de grupos específicos de la población, construyendo desde los procesos de identidad del maestro y de su oficio, una forma más compleja de las luchas sociales políticas de la época, sin negar el aspecto político-económico de la organización gremial.

Por las razones anteriores, el Movimiento Pedagógico visto retrospectivamente, se convierte también en germen de los movimientos sociales que se configuraron en la segunda mitad del siglo XX de los que tanto se ha hablado en las ciencias sociales, y podría afirmarse con cierta fuerza, que no suficientemente estudiado desde esta perspectiva lo cual va a exigir hacia el futuro un trabajo más de fondo de los estudiosos de estos movimientos mediante una búsqueda por archivos, bibliotecas, organizaciones sociales, encuentre los nexos de un fenómeno nacional y que rompe y desborda los esquemas con los cuales los movimientos habían sido entendidos en la época.

Este movimiento se hizo posible en un proceso de descentramiento de la subjetividad moderna existente en la pedagogía. El proceso de curricularización vivido a lo largo del siglo XX, había convertido al maestro en depositario de saberes y de modelos de enseñanza que él repetía mecánicamente y que lo hacía un portador de ellos los cuales por vía de la instrucción devolvía a sus alumnos. El Movimiento Pedagógico al enfrentar esta mirada produce una revolución de la subjetividad, en cuanto hace que la pedagogía esté en el maestro y en la capacidad no sólo de su reflexión sino de un maestro que fruto de su autonomía obtiene su mayoría de edad en la práctica profesional recuperando la pedagogía como acumulado de saber y experiencias de conocimiento del cual eran portadores sus practicantes y desde ella inicie una reflexión para gestionar procesos en los cuales los docentes se constituyeron en sujeto de saber. En este proceso los docentes se dedicaron a hacer innovaciones pedagógicas, a construir experiencias alternativas, a buscar en su práctica las potencialidades que lo liberaban de aquello que Paulo Freire enunció como una “educación bancaria”.

Los maestros del Movimiento Pedagógico se rebelaron con razones prácticas y con alternativas pedagógicas y educativas a los modelos de la taylorización. Se abrieron a la búsqueda de caminos alternativos y resistieron los esfuerzos de coloniaje sobre sus mentes y sus cuerpos inaugurando una forma de protesta con propuestas que le mostraban otros caminos a la práctica sindical del magisterio, ampliando sus luchas y diferenciándose del asalariado tradicional, fundado sobre su fuerza de trabajo material y enriqueciendo la impugnación y los proyectos de transformación de la sociedad, llenando de nuevos contenidos sus elaboraciones. Los maestros del Movimiento Pedagógico dialogaron como pares con los intelectuales de la época; consecuentemente se produjo una renovación en el pensamiento mediante una alianza que transformó prácticas, discursos y saberes constituyendo el poder de unos asalariados del conocimiento y lo pedagógico. Por ello, su momento culminante es el I Congreso Pedagógico Nacional de 1987, en donde la expresión de lo político pedagógico tuvo un clímax que llegaría hasta los debates para la constitución de la Ley General de Educación y que llega con influencia propia a la constituyente que reforma nuestra Carta Constitucional en 1991.