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EDITORIAL

La investigación: del pódium a las aulas

Hace unos años, investigar en educación era un privilegio de los funcionarios del Ministerio de Educación, de los técnicos de planeación nacional o de los sociólogos y los economistas quienes acumulaban e interpretaban información estadística sobre la cobertura y la financiación del sector para justificar los créditos solicitados a nivel internacional o para justificar sus políticas.

Luego surgió el interés de las ciencias de la educación como la psicología, la administración de empresas, el derecho, cuyo estatuto epistemológico orientaba la investigación sobre el niño, la institución escolar y los maestros. Pero, se reconoce hoy, que fue en la década de los 80 cuando florece la investigación en educación y pedagogía fortaleciendo el Movimiento Pedagógico y reivindicando la voz del maestro, la reflexión sobre sus prácticas y el reconocimiento de un saber propio que le da identidad y dignidad como profesional de la educación.

Desde la interacción comunicativa, la sociolingüística, la arqueología del saber, la psicología cognitiva, la pedagogía crítica, se consolida un campo complejo de saberes y prácticas que demarcan el terreno conceptual y metodológico de la pedagogía. Hay entonces, suficiente marco teórico y desarrollos investigativos para aprovechar cuando se trata de investigar la práctica pedagógica en las aulas o analizar con profundidad las razones de la política educativa, las direcciones del currículo, los enfoques de la evaluación, las propuestas didácticas, más allá de los intereses coyunturales por elevar los indicadores en las pruebas PISA y SABER para legitimar exigencias externas al campo de la pedagogía y muy cercanas a una racionalidad instrumental que pretende medirlo todo. Estas investigaciones, aunque lógicamente válidas, no se posicionan políticamente y aceptan sin crítica las exigencias del MEN. Reiteramos la potencia de la Pedagogía Crítica para iluminar un horizonte de sentido orientado a investigar la educación y la enseñanza y reconocemos que falta mucho por fortalecer desde allí la identidad y la dignidad de la profesión docente y su campo específico de saber: la pedagogía.

La Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación -Fecode- desde 1982 ha venido acompañando estas nuevas corrientes de pensamiento gracias a la creación de los CEID, centro de estudios e investigaciones docentes, en Bogotá y en todas las capitales, la Revista Educación y Cultura, que es hoy patrimonio pedagógico nacional y expresión fehaciente de la vigencia del Movimiento Pedagógico, además de la celebración del Congreso Pedagógico Nacional y el trabajo permanente del Comité Ejecutivo y sus juntas nacionales.

El auge de los programas de posgrado en las Facultades de educación, las Escuelas Normales, la labor financiera de Colciencias, el surgimiento de institutos privados de investigación, la profusa publicación sobre temas y problemas del campo intelectual, alimentaron visiones complejas sobre la pedagogía, el currículo, la evaluación, la didáctica, la condición docente y los contextos socioculturales en los que se desempeña el trabajo de los maestros, cuya historia y constitución comienza a conocerse y da lugar a intensas luchas por la defensa de la educación pública y por la dignificación de la labor docente.

Particular reconocimiento debemos hacer a las investigaciones sobre la financiación de la educación pública que permitieron defender con rigor argumentativo el Pliego de solicitudes en el último y exitoso paro. En esta edición se publican trabajos de investigación como una muestra de lo que se viene haciendo en las regiones y como una invitación a profundizar en los problemas de la enseñanza, la educación y la pedagogía, desde perspectivas críticas y emancipadoras.